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PREHISTORIA: LA VIVIENDA Y LOS NÚCLEOS DE POBLACIÓN.-

              Los primeros intentos arquitectónicos observados en el Próximo Oriente datan del final de la época epipaleolítica (14.000-10.000 a. C.)

              Esta evolución arquitectónica es en realidad el reflejo de la evolución social que llevó al hombre del estado de cazador-recolector a la condición de ciudadano.

              En esta evolución pueden distinguirse tres etapas principales, cada una de ellas marcada por innovaciones técnicas (nuevos materiales, nuevos procedimientos de construcción), maneras diferentes de utilizar el espacio individual en la casa (paso del plano circular al plano rectangular, aparición del plano rectangular completo) o de concebir el espacio colectivo en la aldea (construcciones colectivas, jerarquización de los edificios). El Próximo Oriente constituye un observatorio privilegiado para todos estos fenómenos. Es, en efecto, durante este largo periodo entre 14000 y 3700 a. C., cuando se produjeron, antes que en cualquier otra parte del mundo, las profundas mutaciones que agrupa­mos bajo el nombre global de revolución neolítica,..

              Las primeras casas redondas   La primera casa identificada en el Próximo ... se presenta como un abrigo de plano circular de un diámetro de 4-5 m, cavado en la pendiente arenosa de una colina. Su pared interior, de unos 0,40 m, estaba revestida de piedras destinadas probablemente a impedir el desprendimiento de la tierra. Otras piedras mezcladas con guijarros tapizaban el suelo formando un enlosado. Para la cobertura puede suponerse el empleo de materiales ligeros (madera, ramas, pieles).

              Podemos interrogaron acerca de las razones de ser de estas formas de hábitat. El modo de vida de las poblaciones que las conciben es aún paleolítico. Se trata de cazadores-recolectores acostumbrados a desplazamientos temporales: ni el tamaño - algunos centenares de metros cuadrados ni el estado de los vestigios permiten llegar a una conclusión cierta en cuanto a la sedentariedad del grupo. Cabe imaginar, no obstante, un retorno regular de las poblaciones a una misma estación arqueológica, a un lugar en el que los vestigios abandonados en la estación anual precedente - bases de pequeños muros con piedras - podían reconstruirse rápidamente con ayuda de materiales vegetales --estacas y ramas-- para una duración limitada. La presencia de estas estaciones de un mobiliario pesado de piedra--morteros, ruedas de molino y pilones-- que se encuentra también en otras estaciones desprovistas de rastros arquitectónicos, aboga en favor de una transformación progresiva de este modo de vida errante.

              La mayoría de las estaciones mencionadas son estaciones al aire libre. La arquitectura es, en efecto, el elemento que permite al hombre abandonar progresivamente los abrigos naturales (grutas, refugios bajo roca) para ocupar de un modo duradero un abrigo artificial, fabricado por él. Por esto se ha podido asociar el fenómeno de sedentariedad y el de salida de las grutas.

              No significa que en la época paleolítica el hombre no se hubiese instalado nunca al aire libre, sino que progresiva y definitivamente, a partir de la época neolítica, el hombre ya no utilizará en general, como hábitat los abrigos naturales.

              Desde un punto de vista tecnológico, las ambiciones son limitadas: la elección de los materiales se restringe a la piedra y a la madera; su aplicación es rudimentaria, no permitiendo la edificación de verdaderas paredes. La excavación en losa, separando una pared periférica que la tierra extraída permite formar, es el medio adoptado para paliar esta falta de habilidad.  La forma circular del abrigo corresponde, en el mismo sentido, a la incapacidad de efectuar la unión de dos paredes perpendiculares.

               La mutación radical del neolítico   Este primer y largo período de transición, marcado por la  salida de las grutas  y el nacimiento de la arquitectura, va seguido de otro mucho mas breve, que con el comienzo de la época neolítica ve profundas y radicales mutaciones.

              Pero desde 8200-8000, se manifiestan progresos técnicos. Aun conservan­do el plano circular, algunas casas se construyen ahora en superficie y no se­mienterradas. A la piedra y a la madera se añade en adelante la tierra, que, modelada, refuerza la base de las paredes. Las piedras -en Mureybet se trata de creta-- se desbastan antes de constituir en las paredes una especie de armadura para superestructuras en las que la madera, escuadrada o apuntada, de­sempeña siempre el papel principal. Es­tos progresos técnicos resultan particularmente claros en las casas mas recientes (8000-7600),

              En tanto que todas las casas descubiertas hasta entonces eran monocelulares, se encuentran por primera vez los vestigios de una división funcional interior del espacio. Unos muretes bajos (0,50-0,70 m) íntegramente conservados, construidos de tierra modelada sobre una armadura de piedras o de perchas de madera dispuestas horizontalmente delimitan en efecto ocho células de desigual importancia y de formas diferentes: en el eje de la entrada, la pieza principal está provista de una banqueta sobreelevada que ocupa lodo el fondo de la casa y probablemente se reserva como yacija. A la derecha de la entrada, una pieza provista de un hogar desem­peñaba sin duda el papel de cocina. Las otras células, de tamaño más pequeño pudieron servir para almacenar combustibles o productos perecederos.

              Pese a retener aún rasgos antiguos, como el empleo masivo de la madera, los comienzos del periodo neolítico (8300-7600) presentan innovaciones en el campo de las técnicas de construcción: empleo de un nuevo material: la tierra, que se encuentra bien en forma de tapia o apisonada (...) bien en forma de ladrillos modelados (Jericó, Aswad), pretratamiento de los materiales (escuadra de la madera, talla de los bloques de creta, fabricación de los ladrillos modelados), técnica de la albañilería en la edificación de las pare­des, que ya no están solamente adosa­das a una pendiente, sino construidas al aire libre (Abu Salem, Mureybel).

              Estos progresos van acompañados de modificaciones en la concepción del hábitat. El plano circular, al volverse pluricelular, permite bajo un mismo techo el conjunto de las funciones ase­guradas hasta entonces por varias construcciones independientes. Pero esta diversificación interior no es extensible al infinito, sobre todo cuando se trata de ampliar el hábitat.

              En la arquitectura del plano circular, las piezas no pueden añadirse indefinidamente unas a otras por simple yuxtaposición, contrariamente a las combinaciones simples que ofrecen los planos rectangulares o cuadrados. So pena de desaparecer, la arquitectura se encontraba pues, condenada» a evolucionar. Esta evolución, que más bien convendría llamar revolución arquitectónica, se ob­serva precisamente en los niveles superiores de Mureybel y de Chelkh Hassan, entre 8000 y 7600.

              Estas dos estaciones ofrecen por primera vez en la historia de la arquitectura, los vestigios, desgraciadamente incompletos, de construcciones de plano rectangular. Se presentan como pequeñas células cuadradas de 1,50 m de lado, construidas en hiladas superpuestas de piedras de creta alargadas, anegadas en arcilla. Estas células, como tales, son inhabitables. Hay que considerarlas, pues, como espacios de almacenamiento o como el basamento de un nivel superior, elevado así por encima del suelo exterior.

        Asistimos, pues, en la primera mitad del octavo milenio en el valle del Eúfrates, a una modificación de la producción de subsistencia que hace pasar progresivamente a los grupos humanos del estado de cazadores recolectores al de agricultores. La revolución neolítica toca a su fin. En el campo de la arquitectura, la señal este cambio es el paso del hábitat de plano circular al hábitat de plano rectangular.

              Aún pueblos. Los materiales básicos siguen siendo los mismos (tierra, piedra, madera). Solamente varían sus combinaciones. La tierra se utiliza en forma de ladrillos modelados, con frecuencia de grandes dimensiones. El uso de elementos de forma paralelepipédica prefabricados facilita la construcción de muros rectilíneos y, sobre lodo, su unión en los ángulos. Estos muros de ladrillos descansan frecuentemente sobre un basamento de piedras (...) destinado a evitar la subida de la hume­dad en la base del muro. También se emplean nuevos materiales para los revestimientos de muros o de suelos: la cal y el yeso obtenidos quemando en hornos abiertos calcáreas o sulfato de cal (...). Su poder aislante y su impermeabilidad les predisponen también pa­ra recubrir las paredes de los silos exca­vados o construidos. Las casas están casi siempre cubiertas por un lecho pla­no de argamasa de barro y pala que des­cansa sobre un armazón de madera y cañas (...).

              El plano de las casas es sencillo. Se trata, unas veces, de casas monocelulares en las que la pieza única (5-10 x 3-5 m) es multifuncional, y otras, de casas pluricelulares compuestas casi siempre de una gran pieza que sirve para la habitación y para la recepción y de una o varias mas pequeñas reservadas para almacenamiento.

              La división del espacio arquitectónico se da también en el plano vertical, es decir, que las casas pueden ser de dos niveles.

              Su principio es siempre el mismo: el nivel superior, el único habitable, descan­sa sobre un basamento formado por una red de muros paralelos o perpendiculares que delimitan espacios estrechos cuyo papel no era siempre el de un vacío sanitario, sino que podía servir eventualmente de reserva (...).

              Sea cual fuere su tipo, las casas se agrupan formando pueblos.

              Las casas son uniformes y ningún edificio se distingue de los demás por su tamaño, su emplazamiento o su disposición interior.

              En los pueblos del Próximo Oriente, las casas están dispuestas sin orden preestablecido, con densidades va­riables. Se pasa del hábitat aislado, relativamente suelto, con patios y espacios vacíos que separan las casas, como en Jellun, Biblos o Sawwan, a un hábitat aglutinante en que las casas están literalmente pegadas las unas a las otras, como en Çatal Huyuk

              A partir del final del VIII milenio, el Próximo Oriente se cubre, pues, de al­deas de agricultores ganaderos cuyo mo­do de hábitat presenta cierta uniformidad en la organización espacial individual y colectiva. La generalización de un modo de vida, en lo sucesivo adquirido y progresivamente difundido en regiones que lo ignoraban todavía, conduce a cierta universalidad de la arquitectura, cuyo plan rectangular simple representa el mejor reflejo. Un nuevo cambio se producía hacia mediados del VI milenio, que conducirá directamente a la revolución urbana de finales del IV milenio,... 

              Una nueva concepción de la arquitectura.-  La evolución del plano rectangular conduce a una nueva modificación decisiva del espacio domestico que se manifiesta por una mayor complejidad de lo construido El plano rectangular completo se distingue del plano simple en que las comunicaciones entre las piezas, en vez de efectuarse por el exterior (...) - uno se ve obligado a volver a salir al patio para penetrar en la pieza vecina - tienen lugar por el interior (...), gracias a un sistema de circulación en el que con frecuencia una sola pieza gobierna otras varias. Ya no se trata de yuxtaponer unos con otros los elementos simples, sino de concebir de inmediato un sistema completo en el que cada elemento ocupa un lugar y una función predeterminada. Este sistema supone una concepción previa del conjunto terminado y no una simple adición progresiva de piezas alrededor de un núcleo primitivo.

              Esta nueva concepción del hábitat se manifiesta, concretamente, por un aumento sensible del numero de piezas y por una extensión de la superficie construida. Las casas comprenden aho­ra de quince a veinte piezas y sus dimensiones medias alcanzan 10-30 x 5­15 m (Sawwan). El nuevo material, el ladrillo crudo moldeado, se adapta a esta nueva arquitectura: el uso del molde permite la prefabricación en serie de una cantidad mayor de elementos que responden a la necesidad de una arquitectura a su vez también preconcebi­da.

              El plano completo presenta una división del espacio en el plano vertical: las casas suelen comprender un piso que cubre según los casos toda la planta baj­a o parte de ella. Ya no se trata de un simple nivel superior dispuesto sobre un basamento, sino de dos niveles independientes ocupados por separado: una planta baja y un piso. La función de las diferentes piezas de cada nivel es difícil de establecer. Cabe considerar, como hoy, variaciones estacionales y una ocupación temporal: se habita durante el invierno las piezas de los bajos y uno se traslada al piso durante el vera­no para huir de los grandes calores. Po­demos imaginarnos, pues, estas construcciones de plano complejo como grandes granjas que albergan bajo el mismo techo hombres, animales y re­servas.

              La existencia, con formas diferentes, de una nueva concepción arquitectónica del espacio doméstico individual va acompañada de una modificación en la organización colectiva del hábitat. En efecto, es en la misma época cuando se observan los primeros vestigios de una "jerarquización" arquitectónica a la escala de la aldea. Junto a las casas ordi­narias se encuentran otros edificios, concebidos según el mismo principio y sobre el mismo plano, pero que se distinguen de ellas por el tamaño o la decoración exterior o inferior, marca de cierta forma de lujo,.. El primer ejemplo data del VI milenio, en la estación de Pessejlk, en el Turkmenistán.

              Uno debe interrogarse acerca de la significación de estos edificios excepcionales. La opinión tradicional es que se trata de santuarios o de templos. Pe­ro se ignora lodo lo referente a los ritos religiosos practicados por los habitantes de estas aldeas. En ausencia de textos escritos, es preferible rechazar esta explicación fácil, refugio habitual de los arqueólogos a falta de otras mejores. La concepción general de estos edificios excepcionales no difiere en nada de las de las casas simples. No hay entre ellos una diferencia de naturaleza sino de grado. Nos vemos inclinados, pues, a ver en estas construcciones la expresión de una arquitectura de prestigio que representa bien la casa del jefe de la comunidad aldeana bien la casa colectiva de la comunidad misma, susceptible de acoger las reuniones de sus miembros. Por otro lado, las hipótesis no son contradictorias, sino complementarias.

              ¿Esta jerarquización arquitectónica es señal de una modificación en la organización social de las comunidades humanas? Se puede observar que esta nueva concepción aparece en el seno de sociedades agrícolas que por primera vez practican el riego.

              La práctica del riego indica una organización compleja de la que bastante se ha dicho que implica múltiples arbitrajes y un nuevo progreso en el ejercicio de la autoridad...

              Sin embargo, con estas civilizaciones agrícolas que practican el riego no sali­mos del cuadro aldeano. Ninguna de estas estaciones puede considerarse como un centro urbano. La “prueba de la ciudad”  sólo puede aportarse arqueológicamente por la existencia de monumentos específicos, cuya organización arquitectónica se distingue radicalmente de las simples casas, y cuya función es asimismo específica: tal es el caso, por ejemplo, de los palacios y de los templos. Ningún vestigio de edificios de este género es testimoniado antes del final del IV milenio en Mesopotamia. Su presencia coincide con la aparición de los primeros documentos escritos, que son la marca de otro componente esencial del fenómeno urbano, el hecho ad­ministrativo. El nacimiento de la ciudad es la culminación ultima de una larga evolución, cada una de cuyas etapas era de algún modo ne­cesaria; éstas ocupan un lugar en este conjunto, como las piezas de un rompe­cabezas. Su orden de aparición no es indiferente, y su sucesión no es solamente cronológica, sino también lógica. No se puede comprender la historia de la ciudad sin esta larga pero inevitable prehistoria.

              La evolución del Próximo Oriente, vista a través del prisma de la arquitectura y de la historia del hábitat, confirma las grandes líneas observadas por los prehistoriadores y los arqueólogos. Cada innovación corresponde a una etapa decisiva: sedentarización, aparición de la agricultura y de la domesticación, práctica del riego.

 Olivier Aurenche.- Las primeras casas. Los primeros pueblos.
Mundo científico. Nº 18. Págs. 986-996