(Documentos en
WORD 97
comprimidos en ZIP.)
EL SARCÓFAGO PALEOCRISTIANO.-
La escultura cristiana primitiva cultiva casi exclusivamente el relieve. Salvo algunos labrados en marfil de pequeño tamaño, esos relieves son los de los sarcófagos, cuyo empleo es la natural consecuencia de la inhumación exigida por las nuevas creencias.
La composición de esos relieves es muy variada.
Unas veces, como en los sarcófagos paganos, la historia ocupa toda la altura de su frente, pero también con frecuencia, para contener mayor número de temas, se divide en dos fajas horizontales. Son los llamados de friso y de doble friso.
Sarcófago de friso continuo. Hacia 330 d.C. Roma
Sarcófago de los Dos hermanos. Hacia 360 d.C. Roma En unas ocasiones los personajes se suceden sin solución alguna de continuidad, pero en otras se introducen columnas, generalmente con frontones y arcos alternados que forman así una serie de intercolumnios muy adecuados para separar las escenas: son los sarcófagos de columnas. Esto sucede incluso en algunos sarcófagos de dos cuerpos. Hacia mediados del S. IV se da un tipo de sarcófago en el que las columnas son reemplazadas por árboles cuyas copas al unirse forman una especie de nichos u hornacinas.
Sarcófago con escenas de Pasión de Cristo.
Hacia 350 d.C. Roma
Sarcófago del prefecto Junio Basso. 359 d.C. Roma Existe, por último, un tipo de sarcófago más sencillo, cubierto en casi todo su frente con el tema de los estrigilos, en los que la decoración escultórica se reduce a la parte central y a los extremos. Es frecuente, en la parte central, un gran medallón circular con la media figura del difunto y de su familiar más inmediato, como en los paganos.
Sarcófago con estrigilos. Hacia 400 d.C. Frascati
Diego I. Angulo.- Hª del Arte. Ed. EISA.
Madrid 1975. (7ª) pág. 270.