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El fauvismo
El concepto fauvismo lo acuñó el critico Louis Vauxcelles al contemplar en el Salón de Otoño. en París el año 1905, una serie de pinturas, cromáticamente exaltadas, junto a una pequeña pieza escultórica de corte clásico. Era tal el contraste que se establecía entre esos dos tipos de manifestaciones que el crítico no pudo por menos que exclamar: Donatello entre las fieras (fauves en francés) partir de ese momento el grupo de artistas que trabajaba en torno a Henri Matisse -considerado como el principal representante de esta corriente- se llamaron fauvistas
A pesar de que en no pocas ocasiones se habla del Fauvismo como de la primera corriente de vanguardia que rompe con la tradición debe advertirse que se trata fundamentalmente de un movimiento de síntesis. En él se pueden rastrear, sin demasiadas dificultades, elementos pertenecientes a movimientos del siglo pasado. como el Impresionismo, el Postimpresionismo y el Simbolismo.
Para comprender de qué manera pudieron influir los representantes de esas comentes en Matisse, André Derain, Maurice Vlaminck, Raoul Dufy o Kees Van Dongen- los principales fauves-, debe tenerse en cuenta que el periodo de formación de todos ellos coincidió precisamente con el reconocimiento de aquéllos por parte de la sociedad parisina. Por otro lado, resultó decisivo que Matisse. el artista de más edad entre los componentes del grupo, hubiera estudiado en la Escuela de Bellas Artes de Paris junto al artista simbolista Gustave Moreau. Éste propugnaba un método docente muy distinto al que entonces imperaba en la mayor parte de las academias. Su enseñanza esencial se basaba en incitar a sus alumnos a que no efectuaran copias de los artistas que estudiaban en el Museo del Louvre, sino que simplemente debían retener aquello que constituía lo esencial del lenguaje de los maestros del pasado, para, más tarde, volcarlo en sus propias experiencias pictóricas. De la oposición de Moreau a la copia surge uno de los conceptos principales que aporto el Fauvismo: la no imitación. En cualquier pintura fauve se aprecia una clara huida del proceso imitativo que implica plasmar la realidad tal cual es. En ese sentido el movimiento fauve se opone al Impresionismo y al Postimpresionismo, pero, en cambio, desde un punto de vista técnico. existe una filiación evidente con respecto a las obras efectuadas en el seno de esas corrientes decimonónicas.
En algunas obras del momento inicial del Fauvismo se advierte el empleo de la técnica divisionista, así como el uso de gruesos empastes. Poco a poco, sin embargo, tanto Matisse como Derain abandonaran el divisionismo y se decantarán por el empleo de las pinceladas sueltas y vigorosas. Esta técnica, junto a una nueva concepción del color, es quizás uno de los aspectos formales más característicos del Fauvismo.
En realidad, el logro más importante que aportaron los artistas de esa tendencia fue la manifiesta autonomía del color con respecto a la forma. El color se convierte en auténtico protagonista de las pinturas, sin hallarse supeditado jamás a lo que estas representan. Es interesante señalar que, pese a lo avanzado de la concepción cromática fauvista, los temas desarrollados por Matisse y su grupo no se diferenciaron en absoluto de las manifestaciones de finales del siglo pasado. Así, los paisajes rurales y algunas vistas de ciudades fueron las temáticas más tratadas, junto a los retratos y a los interiores con naturalezas muertas.
Otra de las características del arte fauve, muy conectada con las nuevas soluciones cromáticas que implicaban una preferencia por el uso de colores primarios y complementarios, es el interés por la luz. No en vano Matisse y Derain experimentaron conjuntamente, durante el verano de 1905 en Collioure, los cambios cromáticos que se producían debido a la fuerte luz del sol que allí había Las propias zonas de sombra daban lugar a los más atractivos contrastes de color, sin llegar a percibirse jamás manchas oscuras o negras, cargadas de tristeza.
En el Fauvismo resulta evidente el sentido vitalista y dinámico concedido al color, a la par que, la técnica de pinceladas sueltas y de manchas, se supedita al triunfo de la exaltación del mismo.
Lourdes Cirlot.- Las claves de las vanguardias artísticas en el S. XX.
Ed. Arín. Barcelona. 1988. págs. 15-19