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El grabado sobre plancha de piedra: la litografía.-

        La litografía es el sistema de grabado sobre plancha de piedra. Se precisa para ello un determinado tipo de piedras de carbonato de cal muy puro y grano muy fino y apretado, que cortadas en bloques se alisan y pulen. La labor siguiente puede realizarse de dos maneras: una vez trazado el dibujo con un lápiz o tinta litográfica, o bien se baña la plancha con ácido que corroe las partes no engrasadas y deja con ello el dibujo en relieve, o bien se le aplican dos clases de tinta, acuosa y grasa, de las cuales la primera se fija en el fondo, mientras que la segunda cubre las líneas delimitadas por el lápiz graso. Tras el entintado, se imprime.

VVAA.- Introducción general al arte. Ed. Istmo. Madrid. 1980. Págs. 384-394

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        Una nueva técnica que contribuyó grandemente a la expansión y la diversificación icónica en aquel siglo fue la litografía, inventada en 1796-97 por Aloys Senefelder (1771-1834) con el objetivo de imprimir sus partituras musicales. La litografía (del griego lithos: piedra) usaba como plancha de impresión una piedra caliza humedecida y una tinta grasa compuesta por cera, jabón y negro de humo, para trazar las líneas directamente sobre la piedra, sobre la que se adhería. Luego se cubría con tinta de imprimir, que sólo embebía aquellas partes. La litografía aportó varias ventajas técnicas considerables, pues ofreció al artista la posibilidad de dibujar directamente con lápiz graso sobre la piedra caliza, evitando así su dependencia del grabador; y permitía además la impresión de colores (cromolitografía) y su lápiz graso, de trazo más grueso y tonalidad más cálida que el buril, aportó una mayor emotividad a las imágenes impresas. La litografía, que ya se introdujo en Inglaterra en 1798 (y a España no llegó hasta 1819) estuvo, como veremos, en el origen de las primeras experiencias fotográficas de Niepce y en la base de la industria cartelística, además de potenciar considerablemente el libro y la prensa ilustrada.

        Muchos artistas cultivaron la litografía, entre otros Ingres (178O1867), Géricault (1791-1824), Delacroix (1798-1863), Millet (18141875), Corot (1796-1875), Manet (1832-1883) y Degas (1834-1917). La facilidad técnica de la producción litográfica alentó la práctica "amateurista" de este medio de impresión, contribuyendo a democratizar la producción de imágenes. Y entre sus cultivadores figuró también Goya (1746-1828), quien realizó una extraordinaria serie sobre temas taurinos (1825).

Román Gubern.- Medios icónicos de masas. Ed. Historia 16. Madrid 1997. Págs. 9-18

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        La técnica litográfica representa en relación con las formas tradicionales de estampación la culminación de las investigaciones para conseguir que con la técnica de grabación se obtengan estampas con valores pictóricos y no predominantemente lineales. Para conseguir estos resultados se utiliza como soporte la piedra litográfica, de materia calcárea y porosa, por lo que absorbe tanto el agua como la grasa. Esta se pulimenta mojándola y cubriéndola con un abrasivo (gres, polvo de sílex) se frota con otra del mismo tamaño, que actualmente se suplanta por el levigador, disco metálico. Finalizada esta operación se bruñe con arenilla y piedra pómez. El artista litógrafo utilizando un lápiz o tinta grasa dibuja la composición. Mediante un procedimiento químico —la acidulación— se aplica una capa de ácido nítrico combinado con goma arábiga que fija el dibujo y limpia la grasa sobrante, haciendo a la piedra más receptiva al agua. Para la estampación basta humedecer la piedra y a continuación pasar un rodillo (prensa litográfica) impregnado en tinta grasa, la cual penetra por los poros coincidentes con el anterior dibujo y repelida en las zonas mojadas. El procedimiento litográfico es plano.

        Hoy se utilizan procedimientos casi idénticos sobre diversos tipos de soporte, ya que la piedra litográfica es cada vez más escasa y cara. Los más comunes son la plancha de cinc (cincografía) o de aluminio (algrafía), con los que se logran resultados semejantes, mayor rapidez y abaratamiento en el proceso. A1 ser utilizadas superficies metálicas, debe emplearse un graneador de bolas para el pulimento, y para el acidulado el ácido fosfórico. Tanto si se emplea el lápiz o la pluma, se precisa un buen secado para que la penetración de los pigmentos en la materia porosa sea efectiva. La estampación calcográfica requiere una gran habilidad pues existe el riesgo de emborronar la superficie provocando manchas irreparables.

        La historia de la litografía es relativamente reciente. Descubierta por el músico austríaco Senefelder al depositar espontáneamente una partitura húmeda sobre la piedra de lavar de la cocina, se encontró la solución para imprimir su trabajo de forma rápida y económica. El mismo inventa una prensa cuyo carro se ponía en movimiento al activar una manivela que dinamizaba el cilindro. Con ella imprimió dibujos. Los artistas de la Revolución Francesa la utilizaron como medio propagandístico. En España en 1819 Goya lleva a cabo experiencias litográficas que perfecciona en Burdeos. Por medio de la litografía, Daumier (1808-79) satiriza las instituciones tradicionales. La prensa es el medio de divulgar estas imágenes. La fotografía delimitará este procedimiento al cartel publicitario y a los experimentos artísticos. Es una técnica recurrente por los artistas contemporáneos, como Toulousse-Lautrec, Matisse, Casas, Picasso, Jasper Johns...

        Se llama monotipo a la estampa lograda por contacto de una imagen pintada o dibujada sobre un soporte rígido cuando el pigmento está fresco. Por tanto, se trata de una pieza única. Puede haber alguna prueba más, pero siempre tienen variantes debido a la manipulación que recibe la plancha en cada impresión. Por esta singularidad, el monotipo rompe con el carácter del grabado como medio de difusión, adquiriendo un sentido de obra elitista.

J.Rivera, A. Ávila y M.L. Martín Ansón. Manual de técnicas artísticas.
Ed. Historia 16. Col. Conocer el arte. Madrid 1997. Págs. 198-200.

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        El procedimiento litográfico, revolucionario en el aspecto técnico respecto a las formas tradicionales de grabado en relieve y en hueco, no representa, en el plano de las posibilidades expresivas, más que la conclusión natural de las tentativas y las investigaciones llevadas a cabo durante todo el siglo XVIII con el fin de sacar el grabado de los límites de la expresión puramente lineal, devolviéndole sus valores. Los efectos del lápiz, del lavis, o de la acuarela, que las diversas maneras de grabado en hueco obtenían a través de recursos complicados y sobre todo forzando la naturaleza del material usado, pueden lograrse en la litografía, dibujando directamente con el lápiz, la pluma o el pincel sobre la superficie plana de la piedra litográfica. La innovación técnica no hace más que concluir una orientación formal en marcha, ofreciéndole los instrumentos expresivos adecuados. Por ello es algo muy simplista interpretar la litografía como un producto de la Revolución francesa o considerarla como expresión inmediata e inculta de contenidos populares y de una nueva visión del mundo. La inmensa mayoría de las litografías estampadas en el siglo XIX reflejan sólo el mal gusto de la burguesía y respiran conformismo al menos en la misma medida que los productos contemporáneos del buril académico.

        La litografía se ha usado desde su nacimiento para tareas de reproducción. (...) Más bien son razones técnicas muy concretas las que explican por qué la litografía llega a ser uno de los principales instrumentos para la difusión de las ideas progresistas en estratos cada vez más amplios de público: la rapidez y la economía del procedimiento (la matriz está preparada de un día para otro; una misma placa puede ser usada varias veces), la facilidad de acoplar sobre la placa imágenes y palabras, y sobre todo la posibilidad de realizar tiradas casi ilimitadas. Por primera vez desde sus orígenes la imagen estampada por medio de la litografía y la palabra impresa a través de los periódicos conocen una ampliación sustancial de su público. No en balde las mejores litografías de comienzos del siglo XIX se conciben como ilustraciones para los periódicos .

        A partir de mitad de siglo la litografía, tras haber detentado durante treinta años el monopolio de la imagen impresa, pasa a segundo plano con respecto a la técnica tradicional del aguafuerte, y cuando vuelve a resurgir a fines del siglo con variaciones de gusto posteriores al Impresionismo (Toulouse Lautrec, los "Nabis", Matisse, Picasso, etc.) la fotografía ya habrá ocupado su puesto como medio de comunicación de masas. Desde este momento la litografía (considerando aparte el sector de los manifiestos publicitarios) entrará en el limbo de las técnicas artísticas de élite, como la pintura o los procedimientos clásicos de sábado.

        La matriz litográfica es piedra calcárea porosa de Solnhofen en Alemania, que está tallada en lastras de dimensiones variables, entre 5 y 10 cm de espesor y varias decenas de kilos de poso. Actualmente la piedra ha sido sustituida casi por completo por planchas de metales porosos, como el zinc y el aluminio, mucho más económicos y manejables, y que dan el mismo rendimiento. Dado su gran espesor, la plancha de piedra se puede volver a utilizar, una vez acabada la tirada, rebajándole ligeramente el nivel. La superficie se deja perfectamente lisa, si se dibuja a pluma o por el método del reporte litográfico. Se frota con arena y agua para dejarla rugosa si se dibuja con pincel o con lápiz litográfico. Para dibujar se usa una materia grasa, en forma de lápiz, carboncillo o tinta. Una vez realizado el dibujo la piedra se baña con agua. Pasándole por encima un rodillo entintado la tinta grasa se adhiere a la parte dibujada y es repelida por las partes no dibujadas, donde queda descubierta la piedra bañada. En este punto la matriz está dispuesta para la impresión. Así pues el principio fundamental del procedimiento litográfico es la incompatibilidad del agua y la grasa.

        Apenas dibujada, la lastra de piedra es sometida a una serie de operaciones con el fin de fijar mejor el dibujo, y por tanto de permitir mayor número de tiradas. La superficie de la lastra se cubre primeramente con una capa de mordiente ligero (solución de goma arábiga y ácido nítrico en agua) que no rebaja la superficie de la lastra de piedra, pero la deja más porosa y hace que los ácidos penetren profundamente, separando los grasos del jabón. Esta capa se deja secar durante algunas horas y después se quita con agua. otra mano de goma arábiga y un lavado con trementina eliminan todos los residuos de tinta o lápiz que todavía estuvieran adheridos. En este punto el dibujo apenas es visible como un trazo marrón claro. Tras una aplicación posterior de betún y trementina, que refuerza el dibujo, la matriz está preparada para el grabado. En caso de que deba soportar grandes tiradas, la piedra puede ser sometida además a una verdadera corrosión. En ese caso la lastra se entinta y unta con polvo de betún, que hace cuerpo con la tinta; el betún sobrante se quita con talco, y la piedra se calienta de modo que el betún se funda y proteja los trazos entintados. El corrosivo, compuesto por una solución de ácido nítrico en agua, reacciona con la piedra calcárea, rebajando ligeramente la superficie en los puntos no dibujados; por ello las impresiones obtenidas de las lastras reforzadas y sometidas a esta corrosión presentan los blancos ligeramente realzados.

        La prensa litográfica puede ser una prensa manual o una prensa offset. Según el procedimiento tradicional la piedra se coloca sobre el plano de la prensa, entintada con un rodillo y cubierta por el folio a imprimir, protegido a su vez por otras hojas y por un cartón engrasado. La piedra y las hojas se hacen pasar a la presión deseada bajo una plancha de madera con el lomo cubierto de cuero. La presión de la prensa manual aplasta el grano del papel y esta diferencia de estructura entre la parte impresa más lisa y los márgenes más granulados queda después bien visible, en especial con luz rasante. Naturalmente la prensa manual puede imprimir también con matrices de zinc o de aluminio.

        La moderna máquina offset solamente puede imprimir con una matriz metálica. En las máquina offset el entintado y el paso de las hojas es automático, y esto permite imprimir miles de ejemplares por hora. Además la prensa offset permite imprimir la imagen no invertida, sino en el mismo sentido en que se encuentra sobre la matriz. La placa de zinc transmite la imagen al contrario sobre un cilindro giratorio de goma, que a su vez lo imprime nuevamente en el sentido correcto sobre la hoja de papel. No hay ningún motivo para refutar a las impresiones litográficas offset de la calidad de estampas "originales", por el solo hecho de que la imagen no pasa del zinc al papel sino que se imprime primero en un rodillo de goma. Lo que verdaderamente importa es que la placa metálica haya sido dibujada directamente y a mano por el artista. Desde el momento en que no interviene ningún proceso distinto del litográfico, la existencia de un paso intermedio no compromete en absoluto la originalidad del resultado. Del mismo modo se podría refutar la calificación de originales a las litografías impresas con el sistema del reporte (Corot, Degas, Manet, Redon, etc.), o con el agravante, si acaso, de que el reporte litográfico proporciona una impronta de calidad inferior con respecto al procedimiento litográfico normal, mientras que el procedimiento offset es técnicamente perfecto.

        Durante la primera mitad del siglo XIX se dibujó sobre piedra sobre todo con lápiz litográfico o con tiza litográfica. Con el lápiz se obtienen sobre la piedra los mismos resultados formales que en un dibujo normal sobre papel (trazos lineales más bien anchos, como los de carboncillo o tiza; medios tonos, claroscuros, etc.). Naturalmente los trazos del lápiz litográfico ponen de relieve la granulosidad característica de la piedra, uniforme y caótica, muy distinta de la regular del papel, debida a los cruces de los hilos. Para borrar el dibujo realizado sobre la piedra se usan lápices de piedra pómez, papel de lija o rascadores. Estos instrumentos más específicos de la técnica litográfica permiten además hacer retoques, como iluminaciones, líneas blancas arañadas, etc. Si la piedra se ha rascado en profundidad, el blanco correspondiente en el papel impreso tiene un pequeño relieve. De cualquier modo está claro que un buen dibujante es automáticamente un buen litógrafo. Esta extraordinaria facilidad de ejecución y la ventaja de poder confiar todas las operaciones de corrosión, refuerzo del dibujo, impresión, etc., a un estampador especializado (piénsese en el esfuerzo físico de manejar el buril, verdadero trabajo del escultor, o en las complicadas y lentísimas operaciones de corrosión y barnizado de las planchas del aguafuerte) amplían enormemente el campo de acción de la imagen grabada.

        La piedra litográfica puede sustituirse por una plancha de metal poroso, zinc o aluminio, de medio centímetro de espesor, cuya superficie se haya granulado. Aparte de las otras ventajas prácticas de las que se ha hablado la plancha de zinc presenta la ventaja más directamente formal de poder dibujar sobre ella con un lápiz normal de grafito, con el cual se pueden obtener trazos mucho más sutiles que con el lápiz litográfico, más bien blando.

        Sobre la matriz litográfica se puede dibujar también con pluma y tinta litográfica, con resultados casi iguales a un dibujo a tinta china. En este caso la superficie de la piedra debe estar perfectamente lisa para que la plumilla no encuentre obstáculos. Si en lugar de pluma se usa pincel, la superficie puede ser lisa o granulosa, según los resultados que se quieran obtener. Como se ve la litografía ofrece las mismas posibilidades expresivas que el dibujo, o más bien es, de hecho, dibujo. Si el dibujo litográfico se hace con acuarela, es decir, si la tinta aplicada con el pincel se ha diluido en agua para obtener los matices, se presentan algunas dificultades técnicas. El ácido de la preparación debilita los tonos medios, especialmente si son ligeros, y la delicadeza del dibujo no permite grandes tiradas. Por estos motivos la acuarela sobre piedra litográfica exige una gran habilidad técnica por parte del estampador.

        Las técnicas más frecuentes de dibujo a lápiz, a pluma y a pincel, pueden ser perfeccionadas con procedimientos accesorios de gran efecto, utilizados sobre todo a partir de fines del siglo XIX. La técnica de la reserva permite obtener superficies o dibujos blancos sobre un fondo negro o gris, protegiendo el dibujo (o la piedra directamente) con goma arábiga. Se pueden obtener efectos agradables esparciendo la tinta con un cepillo que se frota sobre una rejilla. El dibujo blanco se puede conseguir también quitando con un rascador la tinta extendida uniformemente y dejando al descubierto la piedra de abajo (manera negra litográfica).

        Un procedimiento muy usado a partir de mediados del siglo XIX es el del reporte litográfico. El dibujo no se realiza directamente sobre la piedra, sino sobre un folio de papel duro, poco absorbente y muy rugoso, y a continuación se lleva a la superficie pulida de la piedra mediante la presión de la prensa. Lógicamente la imagen resulta más débil y tiene que ser reforzada cuidadosamente sobre la piedra con betún y mordiente. Las ventajas de este procedimiento son considerables: el artista puede dibujar al aire libre sin necesidad de llevar a pasear un peñasco de medio quintal (no es casual que esta técnica empezase a ser usada por Corot y Manet); puede hacer versiones preparatorias y llevar a la piedra sólo la más satisfactoria (Redon); por fin, obtiene una imagen grabada que está en su posición exacta y verdadera porque el papel de reporte vuelca la imagen sobre la piedra y ésta la vuelve a plasmar sobre la hoja impresa. También en este caso, como en el offset, no hay motivo para dudar del carácter del grabado "original" de las impresiones realizadas con este sistema, dado que el procedimiento es siempre el litográfico, a pesar de tener dos tases en lugar de una. Las impresiones obtenidas con papel de reporte se distinguen táctilmente porque el dibujo reproduce los granos regulares del papel (el entramado) y no los irregulares de la piedra. Además del papel normal el reporte puede conseguirse, con mayor eficacia, con papel autográfico, es decir, con un papel revestido de una película de goma soluble en agua. Esta película impide que la materia grasa del signo litográfico sea absorbida por el papel y permite un contraste perfecto del trazo al disolverse en agua según el procedimiento de la calcomanía.

Las técnicas artísticas, coordinado por Corrado Maltese.
Manuales de Arte Cátedra. Madrid, 1973-97. Págs. 235-277

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