Situación del espectador
respecto a la escultura exenta.-


        Recordemos que para la completa percepción de la escultura deberíamos tocarla ya que la sensación tactil puede ser tan importante, y en ocasiones más, que la percepción visual. Sin embargo nos debemos conformar con la mera contemplación visual de la obra para evitar con nuestro contacto el deterioro de la misma.

        Este capítulo no se refiere a la posición en la que está colocada la escultura en el espacio: una escultura exenta puede haberse colocado junto a una pared y no por eso se convierte en un relieve. Además debemos tener en cuenta al observar una reproducción de una obra que no debemos dejarnos llevar por la posición que adoptó el fotógrafo al realizar la fotografía; ésta puede tener un encuadre oblicuo en la que se vea parte de frente y parte de un lateral y no por eso la obra tiene escorzo. Se trata de comprender si la escultura está hecha para verla desde un punto de vista concreto y si tiene un único punto de vista o hay que girar en torno a ella.

        De forma breve podríamos reducir la cuestión observando que una escultura puede estar hecha para verse de frente, en escorzo o se debe girar alrededor de ella. La frontalidad no significa que no podamos rodear la obra, ya que ésta es exenta, sino que está pensada para que se vea totalmente de frente y ése es su principal punto de vista. Hay esculturas que presentan cierta torsión y que, si la vemos totalmente de frente, no la percibimos íntegramente. Finalmente hay épocas en las que la escultura tiene un movimiento muy fuerte y se debe contemplar girando alrededor de ella; en ocasiones, como en el manierismo, además ese desplazamiento debe ir acompañado de una visión helicoidal.

 

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