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El tejido

Dentro de la gran amplitud y variantes de las artes textiles podemos distinguir los siguientes apartados principales: los tejidos y los bordados.

El tejido es, por definición, la obra de telar compuesta por varios “hilos”: los de la ”urdimbre”. que forman su base, y los que se entrelazan con aquellos en sentido transversal mediante “pasadas”, constituyendo la “trama”

Aunque el tejido tuvo su iniciación en técnicas simples, derivadas del tejido de cestos, redes y esteras, pronto aparecen los telares, que aparte de los industriales, han sido y son fundamentalmente dos: el móvil, o telar de cintura, y el telar fijo, en sus dos modalidades: vertical u horizontal. El primero es el más primitivo; debió usarse ya por muchos de los pueblos de la Antigüedad, perdurando aún hoy en países como Méjico, Perú o la India. Consiste el telar “de cintura” en dos barras paralelas de las cuales los extremos de la superior se atan con una cuerda a un árbol o poste, en tanto que la inferior se une a un cinturón que se pasa la tejedora alrededor de la cintura, con el cual sostiene tensa la urdimbre estirada entre ambas barras. Una varilla de cruce separa los hilos pares de los impares y manualmente, mediante una larga aguja, va pasando el hilo que forma la “trama”.

El telar fijo se compone de una armadura estable en forma de paralelepípedo, vertical u horizontal (según el tipo de telar), que sostiene otra móvil central. Allí están los dos rodillos giratorios entre los que se extiende la “urdimbre” (el inferior enrolla el tejido hecho, en tanto que el superior va soltando hilo de urdimbre) que adopta en uno u otro una disposición vertical u horizontal. Algunos telares antiguos, como los griegos y romanos verticales, según consta por los dibujos de las cerámicas áticas, mantenían los hilos de la urdimbre tirantes, añadiéndoles “pesos” en su extremo inferior (“fusayolas” o pesas de telar). De cualquier manera, tanto en el telar vertical como en el horizontal, la “lanzadera” portadora del hilo de la “trama”, se pasa entre los hilos pares e impares de la “urdimbre”, formando el tejido, si bien en el telar horizontal los “pedales” accionados con los pies sirven para mover alternativamente los hilos de la “urdimbre” a capas, facilitando una labor que en el telar vertical es exclusivamente manual .

Según la multiplicidad de hilos o la complicación de su entrelazamiento se obtienen unos u otros tipos de tejidos. desde el tafetán, sarga o satén hasta los tejidos múltiples, que ligan dos “tramas” a una misma “urdimbre”. Además de estos, existen multitud de “tejidos especiales”, cuya contextura no es sólo por entrecruzamiento, sino por adición más compleja de otros elementos (en los tejidos “de rizo”, terciopelos, gasas, alfombras...).

Entre todas estas variedades señalaremos sólo aquellas más destacadas. Así, la seda natural se comenzó a hilar y tejer en China unos 3.000 años a. de C. Esta técnica, depuradísima entre los pueblos orientales, conducirá no sólo a la realización de un sinfín de motivos para el vestido, sino que igualmente dará lugar a tapicerías del mismo tipo que las de Gobelinos, si bien muchísimo más finas, hasta el punto de que las más delicadas entre estas últimas incluían veintidós hilos de trama” por centímetro, y en los “kosseus”, tapices chinos exclusivamente hechos en seda, podía haber hasta ciento dieciséis. Su inicio coincide con la época Han (202 a. de C.. 220 d. de C ).

Aparte de los tejidos sasánidas, bizantinos y coptos, los del mundo musulmán son los más relevantes. En realidad, como conquistador, el pueblo islámico parte de la tradición y técnica artística de los pueblos anteriormente mencionados, y logra, a partir de ahí, especialidades nuevas y tan características como el “damasco”, tela rica de seda o lana, decorada con dibujos, que recibe el nombre de la ciudad así llamada, en Siria los “tiraz" o telas de seda, sobre todo egipcias, hechas para trajes de gala y que incluyen bandas con inscripciones con el nombre del soberano que las regalaba; los “terciopelos", como los confeccionados por los turcos otomanos durante los siglos XVI-XVII a base de decoración floral estilizada, que se denominan “terciopelo de Brusa,, por el nombre de la ciudad de la que eran originarios, o las “muselinas” llamadas así por proceder de Mossul (actual Irak), también de época islámica.

Dentro de esta época hay que mencionar también los tejidos hispano-musulmanes. Ejemplos importantísimos pueden ser: el almaizar de Hixem II, conservado en la Academia de la Historia, o las sargas de San Isidoro de León (siglo XI). Mas tarde, el arte nazarí aportara ejemplares bellísimos, de los cuales hay buena muestra en el Instituto Valencia de Don Juan de Madrid.

Sobresalen igualmente los tejidos americanos precolombinos. Iniciados cuando menos desde el 2500 a. de C., se distinguen por su estallante colorido y por la personalidad de sus motivos geométricos y animales repetidos.

En algunas telas, la decoración cromática no procede de hilos de distintos colores, sino de la aplicación local de policromía sobre un tejido monocromo. Se trata entonces de “telas estampadas”. Esta estampación pudo hacerse de diversas maneras. En principio se realizó “a pincel” (técnica de la que se han encontrado restos en tumbas egipcias), y con el tiempo se fue perfeccionando y adquiriendo mayor rapidez con la adopción del “estampado” mediante planchas de madera. Esta decoración pudo hacerse en positivo” o por reserva”, sistema este último en el que el dibujo recubierto de creta, no era atacado por los ácidos durante la tintura.

Una variante importante es el “batik”, de origen chino, que es otro método de tenido por reserva. Según los dibujos que se quieren obtener, se recubren algunas partes del tejido con cera caliente y se sumerge sucesivamente en varios baños, quitando cada vez la cera con agua caliente para dejar libres las partes que se pretende teñir.

Varios Autores.- Introducción general al Arte.
     Ed. Istmo. Madrid 1980. Págs. 365-369